Recogeremos las despedidas,
los adiós que no serán hastaluego,
las manías de los besos a última hora de estación.
Recogeremos los rastros de capricho que deja la vida
cuando autoriza al inevitable conformismo
a separar unas manos que, joder,
no quieren separarse.
Buscaremos a la vida
en un momento de despiste
y golpearemos el punto exacto en el que ese avión parta,
rumbo a un sin ti.
Y lo mataremos en vida.
Dime que sí, dime que es legal.
Por eso a veces odio las alegrías,
porque odio la tristeza escondida tras ellas.
Por eso a veces odio partir,
porque hay que volver
sin ti.



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