¿Sabéis lo mejor de vivir en el extranjero? No es aprender una nueva lengua, ni conocer famosos monumentos, ni comer en el sitio más turístico de la ciudad. Lo mejor es sentir que ganas en humildad.
Aprendes a apreciar lo que tienes y lo que no, observas que hay tantas maneras de ser como especies en el mundo, y que todas ellas merecen respeto. Percibes de golpe que tu ciudad no es la mejor del mundo y que hay vida más allá de tu zona de confort (¡y qué vida!). Aprendes a callar, observar y escuchar, no hay nada más maravilloso que escuchar.
Ayer, paseando por la ciudad, vi en el metro a una persona disfrazada de época medieval, a un chico con unos calcetines de diferente color hasta las rodillas y a una chica con el pelo de tres colores. ¿Lo mejor? Nadie les miraba mal. Aquí lo diferente es digno de estudio y aprendizaje, y no de rechazo.
P.D.: te echo de menos, jamón.
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| Vista del Tower Bridge |
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| Big Ben en la noche londinense |
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| El Big Ben me transmite ternura: por ahí voló Peter Pan (tenía que decirlo) |
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| London Eye y el reflejo de sus luces sobre el Támesis |
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| Rústico vs modernidad |
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| Al fondo, The Shard (punto más alto de Londres) |
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| Las farolas de Westminster intimidan |
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| Vista de la Abadía de Westminster |
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